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| Cancún, Quintana Roo, | |||||||
| Fecha de publicación: lunes 27 de junio de 2005 IMPACTO AMBIENTAL La curva de Keeling y nuestro futuro
Hoy día, todo mundo habla del efecto invernadero y el calentamiento global de la Tierra. Pero poca gente ha oído hablar de la curva de Keeling. Uno y otra, sin embargo, están íntimamente relacionados. La curva es la gráfica con la cual el Dr. Charles D. Keeling, fallecido hace unos días a los 77 años, demostró que la concentración de dióxido de carbono (CO2)en la atmósfera está aumentando de manera sostenida y como consecuencia nuestro planeta retiene cada vez más calor procedente del Sol. El resultado es el famoso calentamiento global, que si no se controla -dicen los geofísicos- puede ocasionar sequías, inundaciones, devastadores huracanes, destrucción de áreas costeras y otras catástrofes ambientales. Keeling, norteamericano y químico de profesión, comenzó sus investigaciones sobre este tema hace medio siglo, en 1955. Durante años, y de manera sistemática, estuvo midiendo el contenido de dióxido de carbono en el aire, primero en la costa norteamericana del Pacífico y luego en las islas Hawai, a mitad del océano. Encontró que -como era de esperarse- la concentración de ese gas aumentaba y disminuía regularmente en el curso del día, por efecto de las variaciones en la actividad fotosintética de las plantas -que depende de la luz solar- durante las horas diurnas y nocturnas. Igualmente encontró una fluctuación regular con las estaciones, cosa también previsible ya que la vegetación se incrementa en primavera y verano y disminuye en invierno. Pero descubrió asimismo -y esto fue lo fundamental- que independientemente de las fluctuaciones diarias y estacionales, la concentración de dióxido de carbono estaba aumentando de manera sostenida año tras año. Pronto, Keeling llegó a la conclusión de que ese fenómeno no se debía a factores naturales, sino que estaba directamente relacionado con el incremento en el consumo de carbón, petróleo, gasolina y otros combustibles fósiles, que al arder producen gases de desecho, entre ellos CO2. En un principio, no se le dio mucha importancia a este hallazgo y no faltaron quienes desestimaron sus puntos de vista sobre los efectos de la actividad humana en la composición de la atmósfera. Incluso, en 1964 debió suspender sus estudios durante unos meses, cuando se agotó el presupuesto de que disponía y sus superiores no quisieron asignarle fondos suplementarios porque -le dijeron- ya había demostrado que el aire contiene cada vez más dióxido de carbono y ya era hora de que se dedicara a investigar alguna cuestión científica realmente importante. Por fortuna, encontró apoyo en la Institución Scripps de Oceanografía, que siguió patrocinando sus trabajos hasta su muerte. Hoy, nadie pone en duda sus datos y sus opiniones. Las discusiones entre los científicos se centran en la magnitud y la velocidad del aumento de temperatura debido a la mayor concentración de CO2 y otros gases -como el metano- que también retienen el calor solar. En 1955, al comenzar sus mediciones, la concentración de CO2 en el aire era de 315 partes por millón (ppm). Desde entonces no ha dejado de aumentar y actualmente es de 380 ppm. Otro descubrimiento de Keeling y sus colaboradores, en 1996, fue que los períodos del año en que se eleva el contenido atmosférico de CO2 en el hemisferio norte se están haciendo más largos. Esto presumiblemente es un indicio de que la temporada de crecimiento de la vegetación -que en las latitudes medias y altas ocurre en los meses cálidos- comienza cada vez más temprano debido precisamente al calentamiento global. O sea, que aparentemente estamos ya ante un manifiesto cambio ambiental provocado por el hombre. En fin, Charles D. Keeling, con el análisis químico de sus frascos llenos de aire de las montañas de California y Hawai, pudo marcar nítidamente en una gráfica -la curva que lleva su nombre, y que en realidad es una línea recta ascendente- hacia dónde se dirige la humanidad si no se detiene y revierte el calentamiento global.
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