Cancún, Quintana Roo,
   

Juan José Morales Barbosa

juanjose@cancun.com.mx

Escrutinio

 

 
 
 

Fecha de publicación: viernes 30 de diciembre de 2005

 

De Voronoff al zangoloteo rejuvenecedor

 

Modas vienen y modas van, y cada cierto tiempo causa furor algún método o compuesto que supuestamente sirve para detener o —mejor todavía— revertir el proce-so de envejecimiento. En tiempos lejanos la gran novedad como promesa de vida casi eterna fueron los implantes de glándulas de mono del Dr. Voronoff... quien ya pasó a mejor vida igual que todos sus pacientes. En la época contemporánea, las ventas por televisión nos saturan día y noche con una verdadera catarata de productos y procedi-mientos antivejez. Así, en los últimos años han tenido sus etapas de gloria —y de cuan-tiosas ventas a muy buen precio— los suplementos vitamínicos, los complementos nutri-tivos, la melatonina, la clorofila, los antioxidantes, la hormona de crecimiento y otros muchos etcéteras. Pero los explotadores de la credulidad ajena son infatigables. En cuanto algún remedio pasa de moda y bajan las ventas, lanzan otro al mercado, y co-mienzan a comprarlo ávidamente aquellos eternos incautos que no obtuvieron ningún resultado con el anterior pero confían en que el nuevo sí habrá de funcionar.

El timo más reciente con que me he topado es cierto aparatejo en que el pacien-te, en posición horizontal, es zangoloteado a placer. Pero no de cualquier manera, sino con movimientos ondulatorios en forma de 8. Algo así como una danza hawaiana con sensual meneo de caderas, sólo que cómodamente acostado, con los ojitos cerrados, una beatífica sonrisa y sin tener que mover un músculo. Según los vendedores, ese mo-vimiento —y sólo ese, que no le engañen con imitaciones— hace agitarse la sangre y se desprenden de ella las toxinas y demás sustancias nocivas que contiene. De esta mane-ra, en un dos por tres, las sustancias tóxicas y “las enfermedades” se separan del orga-nismo y son eliminadas vía orina y heces fecales. Tan efectivo es el procedimiento, di-cen los teleanuncios, que con sólo 15 minutos diarios de suave y adormecedor chicoleo el paciente puede conservarse eternamente joven.

Todo esto, por supuesto, es simple charlatanería, como charlatanería son todos los productos farmacéuticos que prometen evitar la vejez. La respetada revista científi-ca New England Journal of Medicine es categórica al respecto. “Actualmente —dice— no hay ningún medicamento que retrase o invierta el envejecimiento.” En otra afamada publicación, Scientific American, 51 prestigiados biogerontólogos publicaron en 2004 una especie de manifiesto en el cual tratan de marcar el alto a los charlatanes. En el documento señalan que si bien “hay razones para pensar que los progresos continuos en salud pública y ciencias biomédicas contribuirán en el futuro a unas vidas más sanas y largas, los productos que se están vendiendo no han demostrado científicamente su efi-cacia.” Y añaden que “el negocio de lo que se ha venido conociendo como medicina antienvejecimiento se ha convertido en los últimos años en una industria de miles de millones de dólares tanto en EU como en el extranjero.”

Nos guste o no, el envejecimiento es un proceso inevitable e irreversible. Las cé-lulas, los tejidos, los órganos y los sistemas del organismo se desgastan, deterioran y pierden eficacia con el paso de los años debido a su propio funcionamiento, de igual manera que el motor, la suspensión y la dirección de un automóvil se desgastan con el uso. Y así como se habla de una vida útil para las máquinas, el ser humano tiene tam-bién su período de vida. Lo único que se puede hacer —igual que con un automóvil— es cuidar el cuerpo para mantenerlo en las mejores condiciones posibles de funcionamien-to y tratar de alcanzar la esperanza máxima de vida, la cual —no hay que olvidarlo— ha aumentado considerablemente en las últimas décadas gracias a los avances en medicina y salud pública.

Como dice el lema usado por la OMS en la celebración anual del Día Mundial de la Salud, no se trata de sumar años a la vida, sino de dar vida a los años. Esto es, de vivir plena y satisfactoriamente. Y el dinero que se gasta inútilmente en los nada baratos métodos y productos antienvejecimiento, puede ser muchísimo mejor aprovechado para darse algunas satisfacciones que hagan más placentera la vida.

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Fecha de publicación: miércoles 5 de octubre de 2005

 

Ojo con los iridologistas

Un lector de Cancún pregunta qué opino sobre la iridología, de la cual se habló recientemente en una televisora local, presentándola como una técnica médica para diagnosticar enfermedades mediante el examen del iris del ojo.

Lo que puedo decir es que se trata de una más de esas seudomedicinas que pom-posamente se autodenominan ciencias pero carecen por completo de bases científicas y en cambio incluyen una buena dosis de magia, superstición y charlatanería. No es casual que ninguna revista científica seria publique trabajos sobre iridología, pero en cambio abunden en las revistas sobre tarot, ovnis, asuntos del corazón, esoterismo y cosas por el estilo.

“La iridologia —dice uno de esos artículos, en cuya transcripción respetamos la ortografía y sintaxis originales— es ante todo un método de diagnostico, consiste a leer en el iris (la parte de la membrana vascular del globo ocular que da al ojo su color) los signos de ciertos trastornos o enfermedades del organismo. Los diferentes signos iridia-nos (anomalias cromaticas, manchas, cavidades y relieves) no son las consecuencias de ciertas enfermedades sino que las preceden, es decir estan presentes en el momento del nacimiento y persisten hasta la muerte.” O, para decirlo en otros términos, basta examinar el ojo de un recién nacido para predecir qué enfermedades sufrirá en el curso de su vida y “descubrir el organo a problema antes que la persona se enferme, pues ciertos signos iridianos se manifiestan antes que la enfermedad.”

Como es usual con las seudomedicinas, a la iridología se le adorna con un aura de exotismo al decir ya era conocida desde la más remota antigüedad y la desarrollaron inicialmente los caldeos, egipcios y griegos, pero fue redescubierta por “investigadores” modernos. Por ejemplo, el homeópata húngaro Ignacio von Peczely, quien al curar a una lechuza que tenía rota una pata, “pudo observar la aparición de una señal negra en su iris, a las seis de la tarde. Luego, durante su recuperación, observó que la señal se acla-raba. Esta experiencia lo llevó a estudiar después los ojos de sus pacientes” y así nació la moderna iridología, que luego fue enriquecida por otro homeópata, el sueco Nils Lil-jequist, que al tomar quinina para curarse de paludismo observó que sus ojos azules cambiaban de color y “a los veinte años, publicó un artículo titulado ‘La quinina y el yodo cambian el color del iris’”.

Lo malo es que los iridólogos, iridologistas —o como se les llame— ni siquiera se ponen de acuerdo sobre el carácter, naturaleza, validez o tan sólo la ubicación de las mentadas señales del iris. “La posición ocupada por los signos —dicen— corresponde a los órganos del cuerpo humano con los cuales tienen relaciones clinicas no demostradas cientificamente”, pero no hay consenso respecto al lugar que ocupa cada órgano, sino que “varia segun las diferentes escuelas”.

Es más: ni siquiera se ponen de acuerdo en si la iridología sirve para diagnosticar o para curar. Unos dicen que “es ante todo un método de diagnostico”, pero otros afir-man que “si bien la iridología no señala una enfermedad, muestra, sin embargo, una manera de corregir el problema”. Y no faltan los que, cautamente, adviertan que un examen iridológico debe complementarse con análisis de laboratorio y otras pruebas.

Pero lo grave de todo este asunto, y que mucha gente ignora, es que aunque la iridología se presenta como terapia alternativa o medicina complementaria, quienes la practican no tienen que ser necesariamente médicos. Cualquier charlatán puede hacer-lo, porque su ejercicio no está reglamentado. Es más: cualquier hijo de vecino, aunque ni siquiera haya terminado la primaria, puede, a cambio de 385 dólares, tomar un curso de iridología a distancia, ya sea por Internet o —si lo prefiere— en un disco compacto enviado a su domicilio. El curso es muy sencillo y comprende tan sólo tres unidades di-dácticas, pero abarca todo lo que un médico estudia en seis o siete años, desde anato-mía y fisiología, hasta todas las enfermedades habidas y por haber. Por supuesto, el precio incluye un impresionante diploma. Como quien dice, cualquiera puede hacerse médico iridologista por correspondencia.

Así que usted decide si confía en la iridología.



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Fecha de publicación: sábado 24 de septiembre de 2005

Lista Roja v.s. saqueadores

 

Mucha gente conoce la llamada Lista Roja o Libro Rojo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en la cual se enlistan las especies de plantas y animales amenazadas. Pero poca gente sabe que también existe una Lista Roja de bienes culturales latinoamericanos en peligro.

La iniciativa de publicarla partió del Consejo Internacional de Museos, o ICOM como se le conoce por su sigla en inglés, una organización internacional de museos y profesionales de la museología fundada en 1946 para contribuir a la conservación, mantenimiento y difusión del patrimonio natural y cultural del mundo. El ICOM, que tiene su sede en París, actualmente agrupa a más de 20 mil miembros en centenar y medio de países, es un órgano consultivo de la UNESCO y trabaja coordinadamente con diferentes instituciones, incluso la Interpol.

El ICOM tomó la iniciativa de publicar esta Lista Roja de bienes culturales ante la enorme magnitud que ha alcanzado el saqueo del patrimonio cultural, sobre todo en los países menos desarrollados y particularmente en los más pobres. Cantidades cada vez mayores de piezas artísticas prehispánicas y coloniales son robadas y sacadas de sus países de origen. Ya no se trata sólo de saqueos aislados y ocasionales, por parte de pobres campesinos que buscan joyas en las tumbas prehispánicas o venden piezas arqueológicas a coleccionistas, sino una actividad organizada y en gran escala, financiada por verdaderas redes criminales.

Con ello, no sólo se empobrece la riqueza cultural de nuestros países, sino también se causan serios daños -muchas veces irreparables- a las zonas arqueológicas. El problema no estriba sólo en que los traficantes se lleven piezas valiosas, sino que para obtenerlas causan una enorme destrucción, pues -obviamente- no trabajan con la lentitud, paciencia, cuidado y delicadeza de los arqueólogos, sino con hachas, taladros, tractores, motosierras, excavadoras y hasta explosivos. De este modo se altera radicalmente el entorno y se destruye información -como la profundidad a que se halla un objeto, o su orientación- que puede parecer irrelevante pero es valiosísima para la investigación científica.

Con la publicación de la Lista Roja, el ICOM busca advertir a los compradores potenciales de que los objetos que en ella aparecen están siendo comercializados al margen de la ley y de este modo tratar de evitar que sean vendidos. La relación es larga y variada. Incluye estelas de piedra, vasijas de cerámica, fardos funerarios, collares y pendientes de jade, artefactos de oro, piezas textiles y otros objetos prehispánicos procedentes de las culturas maya, inca, zapoteca y azteca principalmente.

La Lista Roja es una clara advertencia a museos, casas de subasta, comerciantes de arte y coleccionistas para que no compren los objetos que en ella se detallan. También sirve a los agentes de aduanas, a la policía y a los negociantes de arte para identificarlos.

Ya hace cinco años, en 2000, se publicó una Lista Roja de bienes arqueológicos africanos en peligro, y los resultados fueron excelentes. Difundida ampliamente en sectores clave -organismos policíacos, servicios aduanales, casas de subastas, museos, agrupaciones culturales y otros- la lista puso sobre aviso a posibles compradores de buena fe, que optaron por no adquirir esos objetos, y también desalentó a quienes pretendían venderlos, pues supieron que ya la policía estaba en alerta. Incluso, dice el ICOM, se dio el caso de que algunas piezas que aparecían en la lista africana fueron devueltas a sus países de origen.

También, con motivo de la invasión de Irak y el desorden subsiguiente en ese país, se publicó una Lista Roja especial de antigüedades iraquíes que pudieran ser sustraídas de museos y zonas arqueológicas y aparecer en el mercado clandestino.

Si se considera que en la península de Yucatán al menos el 80% de los sitios arqueológicos han sido saqueados para sacar de ellos desde simples orejeras de jade hasta enormes estelas de piedra, la publicación de la Lista Roja de bienes culturales latinoamericanos en peligro resulta ciertamente una muy buena noticia.

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Fecha de publicación: jueves 22 de septiembre de 2005

 

Cancún y la ley de la selva

 

En Cuzco, el principal centro turístico de Perú, me tocó -junto con otros muchos extranjeros- ver cómo la policía disolvía a macanazos y con chorros de agua una manifestación estudiantil, y hasta debimos llorar un poco por efecto de los gases lacrimógenos. En el corazón de Londres, a orillas del Támesis, me ví sin proponérmelo en medio de una enorme concentración de los llamados globalifóbicos o altermundistas, que desquició la vida normal de esa zona tan frecuentada por los visitantes. Sin embargo, incidentes de ese tipo no impiden que Cuzco o Londres sigan recibiendo turistas. Por ello me parece ridículo y grotesco que -a propósito del asunto de la casa hogar La Casita- empresarios, funcionarios públicos y dirigentes sindicales y políticos de Cancún se rasguen las vestiduras diciendo que para cuidar “la imagen” de la ciudad y no ahuyentar al turismo, deben evitarse a toda costa las manifestaciones.

La realidad es que nadie deja de visitar un lugar porque alguna vez se tope con un grupo de manifestantes que marchan pacíficamente. Ni siquiera porque le toque presenciar una ocasional garrotiza policíaca. Sencillamente toma eso como un suceso normal en cualquier ciudad.

Pero lo que ya alcanza niveles de estupidez es la advertencia de que si las autoridades no impiden las manifestaciones hay grupos dispuestos a hacerlo por su cuenta (se sobrentiende que a palos y puñetazos). Quienes tal cosa proponen o aprueban, parecen ser lo bastante imbéciles para no darse cuenta de que si a los turistas no les sorprende ni asusta ver una tranquila manifestación e incluso una acción represiva por parte de la policía, reaccionarán de manera muy diferente ante el espectáculo de bandas de individuos desconocidos golpeando gente en plena calle. Eso sí es para llenar de pánico a cualquiera y hacerle sentir que está en un lugar donde no existen ley ni orden y su vida corre peligro.

Lo más grave de todo esto, es que los gobiernos municipal y estatal están alentando tal tipo de vandalismo, lo cual equivale a establecer como política de gobierno la ley de la selva. Evidentemente, el plan es que grupos de golpeadores -taxistas, comerciantes, lidercillos sindicales y otros- hagan el trabajo sucio de reprimir manifestaciones para luego alegar que por parte de la autoridad se respetaron las libertades constitucionales pero “la ciudadanía indignada” metió en cintura a los escandalosos.

Por lo demás, no deja de ser paradójico y contradictorio que ahora hablen de “cuidar la imagen de Cancún” grupos de negra fama, como los taxistas, que no han titubeado en bloquear el tránsito hasta en la zona hotelera, impedir la circulación de autobuses e incluso bajar de ellos por la fuerza a los turistas para obligarlos a utilizar sus servicios.

La autoridad no puede manejar el caso de La Casita con métodos represivos. Mucho menos con procedimientos gangsteriles. Tiene que resolverlo dentro de la ley, y esto implica no sólo el respeto a los derechos de expresión y manifestación, sino también -y muy especialmente- acciones efectivas de carácter judicial. La mejor -o más bien la única- manera de evitar o neutralizar posibles manifestaciones del grupo religioso que maneja La Casita, es probar ante la opinión pública y ante un juez que sus líderes han violado la ley, para que se les aplique la sanción que proceda. Esa es labor de la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo. En ese albergue hay niños de los que se dice son retenidos ilegalmente sin el consentimiento de sus padres. Pero pasan los días, las semanas y los meses -tal como van las cosas quizá pasarán años- y los pequeños siguen ahí, sin que se les rescate y reintegre al seno de sus familias. Es más: las autoridades ni siquiera han podido determinar cuántos niños se encuentran en esa situación y cómo llegaron ahí. Pero en lugar de atacar ese problema, se pretende atacar manifestaciones.

Para terminar, y cambiando de tema, no puedo menos que admirarme ante las milagrosas propiedades del agua bendita: sirve hasta para blanquear dinero del narcotráfico. Según el obispo de Aguascalientes, Ramón Godínez Flores ese dinero malhabido “se purifica” al dar generosas limosnas a la Santa Iglesia.

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Fecha de publicación: viernes 16 de septiembre de 2005

 

El Sol y su invisible pareja

 

En algunos periódicos se ha publicado en estos días -y seguramente eso habrá de ser ampliamente explotado por los charlatanes- que quizá el Sol tiene una estrella acompañante que hasta ahora nadie ha visto pero sería responsable no sólo de cierto movimiento de la Tierra sino también del auge y ocaso de las civilizaciones.

La teoría es obra del norteamericano Walter Cruttenden, a quien en las informaciones se presenta como un científico, director del Instituto de Investigación sobre Estrellas Binarias (Binary Research Institute). Pero -contra lo que semejante cargo pudiera hacer creer- no es un astrónomo profesional ni cosa que se parezca. Ni siquiera tiene una formación, un prestigio o una trayectoria en el campo de la ciencia. Es sólo un acaudalado hombre de negocios, aficionado a la astronomía y el esoterismo según confiesa. Y el instituto dedicado al estudio de las estrellas binarias es propiedad de él mismo y sostenido con sus propios recursos, ya que puede pagarse tales pasatiempos.

También, aunque en sus escritos menciona pomposamente que en 2003 estuvo en el observatorio Keck de Hawai, donde “pasé buena parte de la noche” con su director “mientras buscaba planetas extrasolares, ¡de los cuales él y su equipo han encontrado ya más de 70 hasta ahora!”, omite aclarar que esa visita al observatorio fue -literalmente hablando- comprada: pagó por ella 16 mil dólares en una subasta destinada a reunir fondos para la Sociedad Astronómica del Pacífico. A cambio, obtuvo el derecho a visitar el observatorio, hacer un tour por las instalaciones y acompañar por un rato al director y los técnicos en la consola de control de los telescopios, aunque sin que se le permitiera tocar los mandos.

Pues bien, este astrónomo aficionado y creyente en misterios de la antigüedad sostiene que el Sol no es una estrella solitaria sino binaria. Es decir, tiene una compañera y las dos giran alrededor del centro de masa del sistema formado por ambas. La revolución completa demora unos 25 000 años, y si no podemos ver la pareja del Sol, añade, es por su pequeño tamaño. Puede ser una enana café -esto es, una estrella con tan poca masa que no experimenta las reacciones termonucleares que hacen brillar a las estrellas ordinarias- o tal vez un agujero negro, diminuto pero con una masa enorme cuya poderosa atracción gravitacional retiene la luz que produce y por eso resulta invisible.

A partir de esas premisas, Cruttenden desarrolla la hipótesis de que cuando la invisible estrella pasa cerca de la Tierra, provoca alteraciones electromagnéticas y de otro tipo que a su vez influyen sobre la conducta de los seres humanos y -aunque en este punto es bastante vago- todo ello produce el florecimiento o el desplome de las sociedades. Así se explicarían el esplendor y posterior ocaso de las culturas egipcia, griega, romana y maya, la Edad Media y el Renacimiento.

Todas estas ideas las expone en su libro Lost Star of Myth and Time, que acaba de publicar bajo el sello de una editorial poco conocida -probablemente pagándolo de su bolsillo- y en el cual pasa revista a fábulas y leyendas de la antigüedad, mezclándolas con cálculos sobre los movimientos del Sol y su pareja, para concluir que Platón ya había previsto su existencia al hablar de un ciclo astronómico al cual llamó Gran Año y que consiste en lo que los astrónomos llaman la precesión de los equinoccios: ese lento movimiento circular que el eje de rotación de la Tierra describe en relación con las estrellas y que es semejante al bamboleo de un trompo mientras gira.

En realidad, la idea de Cruttenden no puede considerarse muy novedosa. De hecho, es una adaptación -un refrito, diríamos en términos periodísticos- de la hipótesis que publicaron en la revista científica Nature en 1984 Richard A. Muller, físico de la Universidad de California, y Marc Davis y Piet Hut, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Ellos sostenían que el Sol tiene una compañera oscura a la cual bautizaron Némesis -por la diosa griega de la venganza-, que se nos aproxima cada cierto tiempo (los cálculos oscilan entre 26 y 34 millones de años) y con su influencia gravitacional perturba la llamada Nube de Oort, un enjambre de grandes cometas situado en la periferia del sistema solar. Algunos de esos cometas son así lanzados a órbitas que los llevan hacia la Tierra y pueden chocar con ella, produciendo extinciones masivas de plantas y animales.

Como se ve, son ideas muy parecidas. Sólo difieren en que Muller habla de millones de años y Cruttenden de miles, y mientras el primero relaciona su invisible estrella con las extinciones de especies, para el segundo sería un motor de la historia.

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Publicado en las ediciones de Yucatán y Quintana Roo
del diario Por Esto! el miércoles 14 de septiembre de 2005

Claroscuros del habanero

 

No deja de ser irónico y contradictorio que mientras en el extranjero aumenta la demanda de chile habanero —y específicamente del producido en la península de Yucatán—, el gobierno yucateco ha fracasado con su Programa Integral para la Producción del Cultivo de Chile Habanero, del cual llegó a decirse que sería el nuevo oro verde de la entidad por referencia a la gran riqueza que durante décadas generó el henequén (aunque, justo es decirlo, quienes menos disfrutaron de esa fortuna fueron los campesinos de las haciendas henequeneras). Según noticias recientes, de las 21 unidades agrícolas creadas hace tres años para impulsar el cultivo de habanero, 16 ya han dejado de funcionar y las otras cinco lo hacen a tropezones.

Todo esto, repetimos, pese a que las perspectivas de vender la producción yucateca de esta especie de chile son grandes, pues cada vez tiene más aceptación en el extranjero. En Japón, por ejemplo, han tenido un rotundo éxito las botanas y las salsas a base de habanero y la empresa que las fabrica planea lanzar también al mercado —si no es que ya lo hizo— golosinas enchiladas para niños y adolescentes.

Todo esto no deja de ser sorprendente, pues si bien los chiles se han incorporado a la cocina de muchos países, en general se usan los menos picantes, no el habanero, que tiene la distinción de ser el más picoso del mundo. Y si decimos chiles en plural, es porque no hay una sola especie sino cinco cultivadas y una veintena silvestres. La más conocida es la Capsicum annuum, que por ser muy adaptable se cultiva en muy diferentes tipos de suelo y clima, desde el nivel del mar hasta 2 500 metros de altitud. A esa especie pertenecen casi todas las variedades usadas en la cocina mexicana, como serrano, de árbol, jalapeño, poblano, guajillo, pasilla, ancho, mulato, cascabel o piquín. Pero el habanero es de otra especie: Capsicum chinense. Y aunque característico de la cocina yucateca, no es originario de la región como mucha gente piensa. Tampoco, como asegura una fantasiosa versión, procede de la isla de Java en Indonesia y originalmente se denominaba javanero hasta que por deformación fonética se convirtió en habanero. Los botánicos han rastreado su origen hasta el área andina de Bolivia y Perú, donde se han encontrado semillas de formas ancestrales con más de 7 000 años de antigüedad. De ahí también al parecer proviene el chile manzano o C. pubescens.

El habanero es más picante que cualquier otro chile debido a su alto contenido de capsicina, la sustancia que da su pungencia o picor a los chiles. Este compuesto, que es una mezcla de alcaloides, se encuentra en las venas del chile, no en las semillas como podría pensarse. No tiene sabor. Tampoco intensifica el sabor de los alimentos. Únicamente irrita la lengua y la parte posterior del paladar produciendo una sensación dolorosa, de ardor o quemadura, a la cual el organismo reacciona en diversas formas, entre ellas con abundante salivación para refrescar la boca, sudoración y mayor flujo nasal. Es por esto último que a una salsa muy popular en la península se le bautizó xni pek, que en maya significa nariz de perro, pues estos animales tienen constantemente húmeda la nariz.

Además, el cerebro aumenta su producción de endorfinas, ciertos compuestos similares en su estructura química a la morfina, que además de aliviar el dolor provocan una sensación temporal de euforia. Esto explica por qué, al mismo tiempo que el ardor del chile resulta molesto y hasta desagradable, produce cierto efecto placentero y la gente no solamente lo tolera sino que termina disfrutándolo. No es casual que el cerebro también produzca grandes cantidades de endorfinas durante el orgasmo. Por lo visto, y contra lo que podría pensarse, para gozar la intensa pungencia del chile no se requiere ser masoquista sino, al contrario, un voluptuoso sibarita con inclinación al erotismo y la sensualidad

Pero en fin, estos son detalles científicos. Por ahora, lo que nos preocupa es que no se aproveche el gran potencial comercial que ofrece el chile habanero para impulsar la alicaída agricultura peninsular.

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Fecha de publicación: viernes 9 de Septiembre de 2005

 

Los videntes y las torres gemelas

 

El próximo domingo será el cuarto aniversario del ataque a las torres gemelas de Nueva York, y ello me hizo reflexionar sobre la relación entre ese hecho y la adivinación.

No voy a poner en tela de juicio los poderes sobrenaturales que dicen tener los astrólogos, síquicos, videntes, espiritualistas, parasicólogos, mentalistas, cartomancianos, ocultistas y demás hombres -y mujeres- que ofrecen sus servicios para conocer el futuro. No seré en modo alguno escéptico respecto a su capacidad adivinatoria. Por lo contrario, estoy dispuesto a aceptar que efectivamente tienen las extraordinarias dotes que afirman poseer, y que por unos cuantos -o unos muchos- pesos pueden decirle clara e inequívocamente a cualquier ser humano qué le depara el destino, según prometen en los incontables anuncios que publican en los periódicos y transmiten por televisión y que -dicho sea de paso- indican que su negocio les deja ganancias lo bastante cuantiosas como para permitirles gastar tanto dinero en publicidad.

Pero a cambio de creer que poseen tan asombrosas facultades, solamente pido a todos esos cientos de miles o millones de videntes dispersos por los cinco continentes y que todos los días ejercen su actividad de las más diversas y extrañas maneras y -supongo- con toda seriedad, dedicación y profesionalismo, que me respondan a una pregunta. Una sola: ¿por qué, si tienen el privilegio de saber lo que ocurrirá dentro de unos días, meses, semanas o años, a cualquier hombre, niño, mujer, anciano o adolescente de este planeta, ni uno solo de ellos, en ningún lugar del mundo, nos advirtió que el 11 de septiembre de 2001 dos aviones se estrellarían contra las torres gemelas en Nueva York, o que el 11 de marzo de 2004 habría atentados con explosivos en los trenes suburbanos de Madrid, o que el 7 de julio de 2005 ocurriría algo similar en el metro de Londres?

Hay, reitero, muchísimas formas de practicar la adivinación. Lo mismo mediante la clásica bola de cristal o la no menos clásica astrología, que con las cartas del tarot -ya sea egipcio, francés o italiano-, las oscilaciones del péndulo, las runas, el I-Ching, la copa de agua, el vuelo de los pájaros, las entrañas de los animales, la cristalomancia, las líneas de la mano, las piedras, los sedimentos del café, la escritura y hasta -por si usted no lo sabía-, la catoptromancia, que es la adivinación por medio del espejo.

Me pregunto cómo es posible que habiendo tantísimas maneras de adivinar el futuro y tantísima gente consagrada a ello -gente que, vuelvo a insistir, afirma ser realmente capaz de hacerlo- ni uno solo de tales procedimientos ni tampoco uno solo entre todos esos adivinos para quienes atisbar el futuro no representa ningún problema sino, por lo contrario, pueden verlo claramente, haya permitido saber que ocurrirían hechos tan notorios. ¿Cómo es posible que ni uno solo de los miles de muertos en esos atentados hubiera podido saber lo que le esperaba, a pesar de que muchos de ellos sin duda consultaban adivinadores? ¿Cómo es posible que no haya un solo caso de alguien que ese día no hubiera ido a trabajar o no tomara el tren o no abordara el metro porque un vidente le previno que corría peligro de muerte si lo hacía?

Sólo hay dos posibles respuestas. La primera es que los síquicos, parasicólogos, astrólogos, quiromancianos y similares sabían lo que iba a ocurrir, pero criminalmente lo callaron en lugar de prevenir a las autoridades y evitar las catástrofes. Si los adivinadores admiten que así fue, estarían aceptando ser encubridores y cómplices de asesinatos en masa, o simplemente estarían aceptando que la vida humana les importa un bledo. La segunda posibilidad es que sencillamente no sabían que todo eso ocurriría. Pero si lo aceptan, estarían también aceptando que es mentira que puedan ver el futuro.

En fin, cada quien es libre de seguir ingenuamente creyendo en la eficacia de las técnicas adivinatorias y los poderes de los videntes. Pero -sobre todo- de seguir pagando a esa gente por tales servicios.

 

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Fecha de publicación: miércoles 7 de septiembre de 2005

 

Luege: honor a su apellido

 

Uno no escoge su apellido, y eso lleva a veces a curiosas situaciones. Alguien apellidado Ladrón de Guevara puede ser honrado a carta cabal, un Caballero puede ser un perfecto patán, o un Delgado tener cuerpo de hipopótamo. Pero a veces el apellido corresponde al individuo.

Ese parece ser el caso de José Luis Luege Tamargo, quien ahora ocupa el cargo de secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales en sustitución del precandidato panista Alberto Cárdenas Jiménez. El apellido Luege proviene del alemán, idioma en el cual se escribe Lüge, y su traducción literal sería “mentira”.

Pues bien, don José Luis Luege nos echó una mentira del tamaño de su apellido cuando, el pasado 5 de julio, anunció que la Semarnat ha decidido someter a análisis, y “en su caso perfeccionar” la Norma 022 de protección a los humedales. Para ello, dijo, se integrará un equipo de científicos, especialistas en cuestiones ambientales y representantes de los municipios costeros del país, así como de las organizaciones defensoras del medio ambiente y se abrirá una amplia discusión pública.

Con ello Luege pretende hacernos creer que esa norma nunca había sido debidamente analizada y estudiada y que de ahí derivan los problemas de destrucción de humedales. Pero en realidad -hay que recalcarlo- se elaboró con base en una amplia consulta pública con participación de miles de representantes de todos los sectores que menciona Luege. Por ello tuvo tan amplia aceptación. Por primera vez se tenía un instrumento legal efectivo y ampliamente consensado, para garantizar la protección y conservación de esos importantes ecosistemas. Pero -como ya señalamos en colaboraciones anteriores- a menos de un mes de publicada la norma, en mayo del año pasado, Cárdenas Jiménez la anuló de un plumazo añadiéndole un párrafo en el cual se estipula que la propia Semarnat podrá, a su criterio, dejar sin efecto las limitaciones y prohibiciones establecidas en ella, a cambio de “medidas de compensación en beneficio de los humedales”, medidas tan vagas y nebulosas que ni siquiera se mencionan en ninguna ley o reglamento.

Cárdenas Jiménez -también hay que recalcarlo- no violó la ley al anular la norma. Simplemente se valió de una argucia legaloide, de una sucia chicanada. Y es que la Ley sobre Metrología y Normalización establece que una norma oficial se puede modificar “sin seguir el procedimiento para su elaboración cuando no se creen nuevos requisitos, procedimientos o especificaciones más estrictas.” O sea, no se pueden establecer nuevos requisitos ni normas o especificaciones más estrictas, pero sí puede un funcionario dejar sin efecto las que ya existen.

Si realmente Luege quiere corregir la trastada de Cárdenas Jiménez, no tiene que andar buscándole tres pies al gato. No necesita andar convocando a consultas ni reunir equipos de especialistas. En su condición de secretario de Medio Ambiente, tiene facultades para modificar la norma exactamente como lo hizo Cárdenas Jiménez en su momento. Puede, sin mayores problemas, dictar un acuerdo -incluso a través de un subsecretario- para devolver su redacción original a la norma.

Pero no lo hace, porque nos está mintiendo. Todo eso de la consulta, los equipos de especialistas, el análisis y el perfeccionamiento de la Norma 022 no es más que una tomadura de pelo. Lo que pretende Luege es darle largas al asunto, enredar a la gente en interminables discusiones, y de ese modo ir dejando que pase el tiempo para que mientras tanto se inicien, al amparo de la modificación de Cárdenas Jiménez, obras como las de Costa Cancún, que provocarán una gran devastación de humedales. Después, ante hechos consumados, y ante la imposibilidad de aplicar retroactivamente las nuevas modificaciones a la norma -si es que llegara a haberlas-, Luege podrá decirnos: “Lástima, Margarito. Yo quería proteger los humedales, pero no se pudo.”

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