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Fecha
de publicación: viernes 30 de diciembre de 2005
De
Voronoff al zangoloteo rejuvenecedor
Modas
vienen y modas van, y cada cierto tiempo causa furor algún método
o compuesto que supuestamente sirve para detener o —mejor todavía—
revertir el proce-so de envejecimiento. En tiempos lejanos la gran novedad
como promesa de vida casi eterna fueron los implantes de glándulas
de mono del Dr. Voronoff... quien ya pasó a mejor vida igual que
todos sus pacientes. En la época contemporánea, las ventas
por televisión nos saturan día y noche con una verdadera
catarata de productos y procedi-mientos antivejez. Así, en los
últimos años han tenido sus etapas de gloria —y de
cuan-tiosas ventas a muy buen precio— los suplementos vitamínicos,
los complementos nutri-tivos, la melatonina, la clorofila, los antioxidantes,
la hormona de crecimiento y otros muchos etcéteras. Pero los explotadores
de la credulidad ajena son infatigables. En cuanto algún remedio
pasa de moda y bajan las ventas, lanzan otro al mercado, y co-mienzan
a comprarlo ávidamente aquellos eternos incautos que no obtuvieron
ningún resultado con el anterior pero confían en que el
nuevo sí habrá de funcionar.
El timo
más reciente con que me he topado es cierto aparatejo en que el
pacien-te, en posición horizontal, es zangoloteado a placer. Pero
no de cualquier manera, sino con movimientos ondulatorios en forma de
8. Algo así como una danza hawaiana con sensual meneo de caderas,
sólo que cómodamente acostado, con los ojitos cerrados,
una beatífica sonrisa y sin tener que mover un músculo.
Según los vendedores, ese mo-vimiento —y sólo ese,
que no le engañen con imitaciones— hace agitarse la sangre
y se desprenden de ella las toxinas y demás sustancias nocivas
que contiene. De esta mane-ra, en un dos por tres, las sustancias tóxicas
y “las enfermedades” se separan del orga-nismo y son eliminadas
vía orina y heces fecales. Tan efectivo es el procedimiento, di-cen
los teleanuncios, que con sólo 15 minutos diarios de suave y adormecedor
chicoleo el paciente puede conservarse eternamente joven.
Todo
esto, por supuesto, es simple charlatanería, como charlatanería
son todos los productos farmacéuticos que prometen evitar la vejez.
La respetada revista científi-ca New England Journal of Medicine
es categórica al respecto. “Actualmente —dice—
no hay ningún medicamento que retrase o invierta el envejecimiento.”
En otra afamada publicación, Scientific American, 51 prestigiados
biogerontólogos publicaron en 2004 una especie de manifiesto en
el cual tratan de marcar el alto a los charlatanes. En el documento señalan
que si bien “hay razones para pensar que los progresos continuos
en salud pública y ciencias biomédicas contribuirán
en el futuro a unas vidas más sanas y largas, los productos que
se están vendiendo no han demostrado científicamente su
efi-cacia.” Y añaden que “el negocio de lo que se ha
venido conociendo como medicina antienvejecimiento se ha convertido en
los últimos años en una industria de miles de millones de
dólares tanto en EU como en el extranjero.”
Nos guste
o no, el envejecimiento es un proceso inevitable e irreversible. Las cé-lulas,
los tejidos, los órganos y los sistemas del organismo se desgastan,
deterioran y pierden eficacia con el paso de los años debido a
su propio funcionamiento, de igual manera que el motor, la suspensión
y la dirección de un automóvil se desgastan con el uso.
Y así como se habla de una vida útil para las máquinas,
el ser humano tiene tam-bién su período de vida. Lo único
que se puede hacer —igual que con un automóvil— es
cuidar el cuerpo para mantenerlo en las mejores condiciones posibles de
funcionamien-to y tratar de alcanzar la esperanza máxima de vida,
la cual —no hay que olvidarlo— ha aumentado considerablemente
en las últimas décadas gracias a los avances en medicina
y salud pública.
Como
dice el lema usado por la OMS en la celebración anual del Día
Mundial de la Salud, no se trata de sumar años a la vida, sino
de dar vida a los años. Esto es, de vivir plena y satisfactoriamente.
Y el dinero que se gasta inútilmente en los nada baratos métodos
y productos antienvejecimiento, puede ser muchísimo mejor aprovechado
para darse algunas satisfacciones que hagan más placentera la vida.
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Fecha de publicación: miércoles
5 de octubre de 2005
Ojo
con los iridologistas
Un lector
de Cancún pregunta qué opino sobre la iridología,
de la cual se habló recientemente en una televisora local, presentándola
como una técnica médica para diagnosticar enfermedades mediante
el examen del iris del ojo.
Lo que
puedo decir es que se trata de una más de esas seudomedicinas que
pom-posamente se autodenominan ciencias pero carecen por completo de bases
científicas y en cambio incluyen una buena dosis de magia, superstición
y charlatanería. No es casual que ninguna revista científica
seria publique trabajos sobre iridología, pero en cambio abunden
en las revistas sobre tarot, ovnis, asuntos del corazón, esoterismo
y cosas por el estilo.
“La
iridologia —dice uno de esos artículos, en cuya transcripción
respetamos la ortografía y sintaxis originales— es ante todo
un método de diagnostico, consiste a leer en el iris (la parte
de la membrana vascular del globo ocular que da al ojo su color) los signos
de ciertos trastornos o enfermedades del organismo. Los diferentes signos
iridia-nos (anomalias cromaticas, manchas, cavidades y relieves) no son
las consecuencias de ciertas enfermedades sino que las preceden, es decir
estan presentes en el momento del nacimiento y persisten hasta la muerte.”
O, para decirlo en otros términos, basta examinar el ojo de un
recién nacido para predecir qué enfermedades sufrirá
en el curso de su vida y “descubrir el organo a problema antes que
la persona se enferme, pues ciertos signos iridianos se manifiestan antes
que la enfermedad.”
Como
es usual con las seudomedicinas, a la iridología se le adorna con
un aura de exotismo al decir ya era conocida desde la más remota
antigüedad y la desarrollaron inicialmente los caldeos, egipcios
y griegos, pero fue redescubierta por “investigadores” modernos.
Por ejemplo, el homeópata húngaro Ignacio von Peczely, quien
al curar a una lechuza que tenía rota una pata, “pudo observar
la aparición de una señal negra en su iris, a las seis de
la tarde. Luego, durante su recuperación, observó que la
señal se acla-raba. Esta experiencia lo llevó a estudiar
después los ojos de sus pacientes” y así nació
la moderna iridología, que luego fue enriquecida por otro homeópata,
el sueco Nils Lil-jequist, que al tomar quinina para curarse de paludismo
observó que sus ojos azules cambiaban de color y “a los veinte
años, publicó un artículo titulado ‘La quinina
y el yodo cambian el color del iris’”.
Lo malo
es que los iridólogos, iridologistas —o como se les llame—
ni siquiera se ponen de acuerdo sobre el carácter, naturaleza,
validez o tan sólo la ubicación de las mentadas señales
del iris. “La posición ocupada por los signos —dicen—
corresponde a los órganos del cuerpo humano con los cuales tienen
relaciones clinicas no demostradas cientificamente”, pero no hay
consenso respecto al lugar que ocupa cada órgano, sino que “varia
segun las diferentes escuelas”.
Es más:
ni siquiera se ponen de acuerdo en si la iridología sirve para
diagnosticar o para curar. Unos dicen que “es ante todo un método
de diagnostico”, pero otros afir-man que “si bien la iridología
no señala una enfermedad, muestra, sin embargo, una manera de corregir
el problema”. Y no faltan los que, cautamente, adviertan que un
examen iridológico debe complementarse con análisis de laboratorio
y otras pruebas.
Pero
lo grave de todo este asunto, y que mucha gente ignora, es que aunque
la iridología se presenta como terapia alternativa o medicina complementaria,
quienes la practican no tienen que ser necesariamente médicos.
Cualquier charlatán puede hacer-lo, porque su ejercicio no está
reglamentado. Es más: cualquier hijo de vecino, aunque ni siquiera
haya terminado la primaria, puede, a cambio de 385 dólares, tomar
un curso de iridología a distancia, ya sea por Internet o —si
lo prefiere— en un disco compacto enviado a su domicilio. El curso
es muy sencillo y comprende tan sólo tres unidades di-dácticas,
pero abarca todo lo que un médico estudia en seis o siete años,
desde anato-mía y fisiología, hasta todas las enfermedades
habidas y por haber. Por supuesto, el precio incluye un impresionante
diploma. Como quien dice, cualquiera puede hacerse médico iridologista
por correspondencia.
Así
que usted decide si confía en la iridología.
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Fecha de publicación: sábado 24 de septiembre de 2005
Lista Roja v.s. saqueadores
Mucha
gente conoce la llamada Lista Roja o Libro Rojo de la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza, en la cual se enlistan las
especies de plantas y animales amenazadas. Pero poca gente sabe que también
existe una Lista Roja de bienes culturales latinoamericanos en peligro.
La iniciativa
de publicarla partió del Consejo Internacional de Museos, o ICOM
como se le conoce por su sigla en inglés, una organización
internacional de museos y profesionales de la museología fundada
en 1946 para contribuir a la conservación, mantenimiento y difusión
del patrimonio natural y cultural del mundo. El ICOM, que tiene su sede
en París, actualmente agrupa a más de 20 mil miembros en
centenar y medio de países, es un órgano consultivo de la
UNESCO y trabaja coordinadamente con diferentes instituciones, incluso
la Interpol.
El ICOM
tomó la iniciativa de publicar esta Lista Roja de bienes culturales
ante la enorme magnitud que ha alcanzado el saqueo del patrimonio cultural,
sobre todo en los países menos desarrollados y particularmente
en los más pobres. Cantidades cada vez mayores de piezas artísticas
prehispánicas y coloniales son robadas y sacadas de sus países
de origen. Ya no se trata sólo de saqueos aislados y ocasionales,
por parte de pobres campesinos que buscan joyas en las tumbas prehispánicas
o venden piezas arqueológicas a coleccionistas, sino una actividad
organizada y en gran escala, financiada por verdaderas redes criminales.
Con ello,
no sólo se empobrece la riqueza cultural de nuestros países,
sino también se causan serios daños -muchas veces irreparables-
a las zonas arqueológicas. El problema no estriba sólo en
que los traficantes se lleven piezas valiosas, sino que para obtenerlas
causan una enorme destrucción, pues -obviamente- no trabajan con
la lentitud, paciencia, cuidado y delicadeza de los arqueólogos,
sino con hachas, taladros, tractores, motosierras, excavadoras y hasta
explosivos. De este modo se altera radicalmente el entorno y se destruye
información -como la profundidad a que se halla un objeto, o su
orientación- que puede parecer irrelevante pero es valiosísima
para la investigación científica.
Con la
publicación de la Lista Roja, el ICOM busca advertir a los compradores
potenciales de que los objetos que en ella aparecen están siendo
comercializados al margen de la ley y de este modo tratar de evitar que
sean vendidos. La relación es larga y variada. Incluye estelas
de piedra, vasijas de cerámica, fardos funerarios, collares y pendientes
de jade, artefactos de oro, piezas textiles y otros objetos prehispánicos
procedentes de las culturas maya, inca, zapoteca y azteca principalmente.
La Lista
Roja es una clara advertencia a museos, casas de subasta, comerciantes
de arte y coleccionistas para que no compren los objetos que en ella se
detallan. También sirve a los agentes de aduanas, a la policía
y a los negociantes de arte para identificarlos.
Ya hace
cinco años, en 2000, se publicó una Lista Roja de bienes
arqueológicos africanos en peligro, y los resultados fueron excelentes.
Difundida ampliamente en sectores clave -organismos policíacos,
servicios aduanales, casas de subastas, museos, agrupaciones culturales
y otros- la lista puso sobre aviso a posibles compradores de buena fe,
que optaron por no adquirir esos objetos, y también desalentó
a quienes pretendían venderlos, pues supieron que ya la policía
estaba en alerta. Incluso, dice el ICOM, se dio el caso de que algunas
piezas que aparecían en la lista africana fueron devueltas a sus
países de origen.
También,
con motivo de la invasión de Irak y el desorden subsiguiente en
ese país, se publicó una Lista Roja especial de antigüedades
iraquíes que pudieran ser sustraídas de museos y zonas arqueológicas
y aparecer en el mercado clandestino.
Si se
considera que en la península de Yucatán al menos el 80%
de los sitios arqueológicos han sido saqueados para sacar de ellos
desde simples orejeras de jade hasta enormes estelas de piedra, la publicación
de la Lista Roja de bienes culturales latinoamericanos en peligro resulta
ciertamente una muy buena noticia.
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Fecha de publicación: jueves 22 de
septiembre de 2005
Cancún y la
ley de la selva
En Cuzco,
el principal centro turístico de Perú, me tocó -junto
con otros muchos extranjeros- ver cómo la policía disolvía
a macanazos y con chorros de agua una manifestación estudiantil,
y hasta debimos llorar un poco por efecto de los gases lacrimógenos.
En el corazón de Londres, a orillas del Támesis, me ví
sin proponérmelo en medio de una enorme concentración de
los llamados globalifóbicos o altermundistas, que desquició
la vida normal de esa zona tan frecuentada por los visitantes. Sin embargo,
incidentes de ese tipo no impiden que Cuzco o Londres sigan recibiendo
turistas. Por ello me parece ridículo y grotesco que -a propósito
del asunto de la casa hogar La Casita- empresarios, funcionarios públicos
y dirigentes sindicales y políticos de Cancún se rasguen
las vestiduras diciendo que para cuidar “la imagen” de la
ciudad y no ahuyentar al turismo, deben evitarse a toda costa las manifestaciones.
La realidad
es que nadie deja de visitar un lugar porque alguna vez se tope con un
grupo de manifestantes que marchan pacíficamente. Ni siquiera porque
le toque presenciar una ocasional garrotiza policíaca. Sencillamente
toma eso como un suceso normal en cualquier ciudad.
Pero
lo que ya alcanza niveles de estupidez es la advertencia de que si las
autoridades no impiden las manifestaciones hay grupos dispuestos a hacerlo
por su cuenta (se sobrentiende que a palos y puñetazos). Quienes
tal cosa proponen o aprueban, parecen ser lo bastante imbéciles
para no darse cuenta de que si a los turistas no les sorprende ni asusta
ver una tranquila manifestación e incluso una acción represiva
por parte de la policía, reaccionarán de manera muy diferente
ante el espectáculo de bandas de individuos desconocidos golpeando
gente en plena calle. Eso sí es para llenar de pánico a
cualquiera y hacerle sentir que está en un lugar donde no existen
ley ni orden y su vida corre peligro.
Lo más
grave de todo esto, es que los gobiernos municipal y estatal están
alentando tal tipo de vandalismo, lo cual equivale a establecer como política
de gobierno la ley de la selva. Evidentemente, el plan es que grupos de
golpeadores -taxistas, comerciantes, lidercillos sindicales y otros- hagan
el trabajo sucio de reprimir manifestaciones para luego alegar que por
parte de la autoridad se respetaron las libertades constitucionales pero
“la ciudadanía indignada” metió en cintura a
los escandalosos.
Por lo
demás, no deja de ser paradójico y contradictorio que ahora
hablen de “cuidar la imagen de Cancún” grupos de negra
fama, como los taxistas, que no han titubeado en bloquear el tránsito
hasta en la zona hotelera, impedir la circulación de autobuses
e incluso bajar de ellos por la fuerza a los turistas para obligarlos
a utilizar sus servicios.
La autoridad
no puede manejar el caso de La Casita con métodos represivos. Mucho
menos con procedimientos gangsteriles. Tiene que resolverlo dentro de
la ley, y esto implica no sólo el respeto a los derechos de expresión
y manifestación, sino también -y muy especialmente- acciones
efectivas de carácter judicial. La mejor -o más bien la
única- manera de evitar o neutralizar posibles manifestaciones
del grupo religioso que maneja La Casita, es probar ante la opinión
pública y ante un juez que sus líderes han violado la ley,
para que se les aplique la sanción que proceda. Esa es labor de
la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo. En ese albergue hay
niños de los que se dice son retenidos ilegalmente sin el consentimiento
de sus padres. Pero pasan los días, las semanas y los meses -tal
como van las cosas quizá pasarán años- y los pequeños
siguen ahí, sin que se les rescate y reintegre al seno de sus familias.
Es más: las autoridades ni siquiera han podido determinar cuántos
niños se encuentran en esa situación y cómo llegaron
ahí. Pero en lugar de atacar ese problema, se pretende atacar manifestaciones.
Para
terminar, y cambiando de tema, no puedo menos que admirarme ante las milagrosas
propiedades del agua bendita: sirve hasta para blanquear dinero del narcotráfico.
Según el obispo de Aguascalientes, Ramón Godínez
Flores ese dinero malhabido “se purifica” al dar generosas
limosnas a la Santa Iglesia.
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Fecha de publicación: viernes 16 de
septiembre de 2005
El Sol y su invisible pareja
En algunos
periódicos se ha publicado en estos días -y seguramente
eso habrá de ser ampliamente explotado por los charlatanes- que
quizá el Sol tiene una estrella acompañante que hasta ahora
nadie ha visto pero sería responsable no sólo de cierto
movimiento de la Tierra sino también del auge y ocaso de las civilizaciones.
La teoría
es obra del norteamericano Walter Cruttenden, a quien en las informaciones
se presenta como un científico, director del Instituto de Investigación
sobre Estrellas Binarias (Binary Research Institute). Pero -contra lo
que semejante cargo pudiera hacer creer- no es un astrónomo profesional
ni cosa que se parezca. Ni siquiera tiene una formación, un prestigio
o una trayectoria en el campo de la ciencia. Es sólo un acaudalado
hombre de negocios, aficionado a la astronomía y el esoterismo
según confiesa. Y el instituto dedicado al estudio de las estrellas
binarias es propiedad de él mismo y sostenido con sus propios recursos,
ya que puede pagarse tales pasatiempos.
También,
aunque en sus escritos menciona pomposamente que en 2003 estuvo en el
observatorio Keck de Hawai, donde “pasé buena parte de la
noche” con su director “mientras buscaba planetas extrasolares,
¡de los cuales él y su equipo han encontrado ya más
de 70 hasta ahora!”, omite aclarar que esa visita al observatorio
fue -literalmente hablando- comprada: pagó por ella 16 mil dólares
en una subasta destinada a reunir fondos para la Sociedad Astronómica
del Pacífico. A cambio, obtuvo el derecho a visitar el observatorio,
hacer un tour por las instalaciones y acompañar por un rato al
director y los técnicos en la consola de control de los telescopios,
aunque sin que se le permitiera tocar los mandos.
Pues
bien, este astrónomo aficionado y creyente en misterios de la antigüedad
sostiene que el Sol no es una estrella solitaria sino binaria. Es decir,
tiene una compañera y las dos giran alrededor del centro de masa
del sistema formado por ambas. La revolución completa demora unos
25 000 años, y si no podemos ver la pareja del Sol, añade,
es por su pequeño tamaño. Puede ser una enana café
-esto es, una estrella con tan poca masa que no experimenta las reacciones
termonucleares que hacen brillar a las estrellas ordinarias- o tal vez
un agujero negro, diminuto pero con una masa enorme cuya poderosa atracción
gravitacional retiene la luz que produce y por eso resulta invisible.
A partir
de esas premisas, Cruttenden desarrolla la hipótesis de que cuando
la invisible estrella pasa cerca de la Tierra, provoca alteraciones electromagnéticas
y de otro tipo que a su vez influyen sobre la conducta de los seres humanos
y -aunque en este punto es bastante vago- todo ello produce el florecimiento
o el desplome de las sociedades. Así se explicarían el esplendor
y posterior ocaso de las culturas egipcia, griega, romana y maya, la Edad
Media y el Renacimiento.
Todas
estas ideas las expone en su libro Lost Star of Myth and Time, que acaba
de publicar bajo el sello de una editorial poco conocida -probablemente
pagándolo de su bolsillo- y en el cual pasa revista a fábulas
y leyendas de la antigüedad, mezclándolas con cálculos
sobre los movimientos del Sol y su pareja, para concluir que Platón
ya había previsto su existencia al hablar de un ciclo astronómico
al cual llamó Gran Año y que consiste en lo que los astrónomos
llaman la precesión de los equinoccios: ese lento movimiento circular
que el eje de rotación de la Tierra describe en relación
con las estrellas y que es semejante al bamboleo de un trompo mientras
gira.
En realidad,
la idea de Cruttenden no puede considerarse muy novedosa. De hecho, es
una adaptación -un refrito, diríamos en términos
periodísticos- de la hipótesis que publicaron en la revista
científica Nature en 1984 Richard A. Muller, físico de la
Universidad de California, y Marc Davis y Piet Hut, del Instituto de Estudios
Avanzados de Princeton. Ellos sostenían que el Sol tiene una compañera
oscura a la cual bautizaron Némesis -por la diosa griega de la
venganza-, que se nos aproxima cada cierto tiempo (los cálculos
oscilan entre 26 y 34 millones de años) y con su influencia gravitacional
perturba la llamada Nube de Oort, un enjambre de grandes cometas situado
en la periferia del sistema solar. Algunos de esos cometas son así
lanzados a órbitas que los llevan hacia la Tierra y pueden chocar
con ella, produciendo extinciones masivas de plantas y animales.
Como
se ve, son ideas muy parecidas. Sólo difieren en que Muller habla
de millones de años y Cruttenden de miles, y mientras el primero
relaciona su invisible estrella con las extinciones de especies, para
el segundo sería un motor de la historia.
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Publicado en las ediciones de Yucatán
y Quintana Roo
del diario Por Esto! el miércoles 14 de septiembre de 2005
Claroscuros del habanero
No deja
de ser irónico y contradictorio que mientras en el extranjero aumenta
la demanda de chile habanero —y específicamente del producido
en la península de Yucatán—, el gobierno yucateco
ha fracasado con su Programa Integral para la Producción del Cultivo
de Chile Habanero, del cual llegó a decirse que sería el
nuevo oro verde de la entidad por referencia a la gran riqueza que durante
décadas generó el henequén (aunque, justo es decirlo,
quienes menos disfrutaron de esa fortuna fueron los campesinos de las
haciendas henequeneras). Según noticias recientes, de las 21 unidades
agrícolas creadas hace tres años para impulsar el cultivo
de habanero, 16 ya han dejado de funcionar y las otras cinco lo hacen
a tropezones.
Todo
esto, repetimos, pese a que las perspectivas de vender la producción
yucateca de esta especie de chile son grandes, pues cada vez tiene más
aceptación en el extranjero. En Japón, por ejemplo, han
tenido un rotundo éxito las botanas y las salsas a base de habanero
y la empresa que las fabrica planea lanzar también al mercado —si
no es que ya lo hizo— golosinas enchiladas para niños y adolescentes.
Todo
esto no deja de ser sorprendente, pues si bien los chiles se han incorporado
a la cocina de muchos países, en general se usan los menos picantes,
no el habanero, que tiene la distinción de ser el más picoso
del mundo. Y si decimos chiles en plural, es porque no hay una sola especie
sino cinco cultivadas y una veintena silvestres. La más conocida
es la Capsicum annuum, que por ser muy adaptable se cultiva en muy diferentes
tipos de suelo y clima, desde el nivel del mar hasta 2 500 metros de altitud.
A esa especie pertenecen casi todas las variedades usadas en la cocina
mexicana, como serrano, de árbol, jalapeño, poblano, guajillo,
pasilla, ancho, mulato, cascabel o piquín. Pero el habanero es
de otra especie: Capsicum chinense. Y aunque característico de
la cocina yucateca, no es originario de la región como mucha gente
piensa. Tampoco, como asegura una fantasiosa versión, procede de
la isla de Java en Indonesia y originalmente se denominaba javanero hasta
que por deformación fonética se convirtió en habanero.
Los botánicos han rastreado su origen hasta el área andina
de Bolivia y Perú, donde se han encontrado semillas de formas ancestrales
con más de 7 000 años de antigüedad. De ahí
también al parecer proviene el chile manzano o C. pubescens.
El habanero
es más picante que cualquier otro chile debido a su alto contenido
de capsicina, la sustancia que da su pungencia o picor a los chiles. Este
compuesto, que es una mezcla de alcaloides, se encuentra en las venas
del chile, no en las semillas como podría pensarse. No tiene sabor.
Tampoco intensifica el sabor de los alimentos. Únicamente irrita
la lengua y la parte posterior del paladar produciendo una sensación
dolorosa, de ardor o quemadura, a la cual el organismo reacciona en diversas
formas, entre ellas con abundante salivación para refrescar la
boca, sudoración y mayor flujo nasal. Es por esto último
que a una salsa muy popular en la península se le bautizó
xni pek, que en maya significa nariz de perro, pues estos animales tienen
constantemente húmeda la nariz.
Además,
el cerebro aumenta su producción de endorfinas, ciertos compuestos
similares en su estructura química a la morfina, que además
de aliviar el dolor provocan una sensación temporal de euforia.
Esto explica por qué, al mismo tiempo que el ardor del chile resulta
molesto y hasta desagradable, produce cierto efecto placentero y la gente
no solamente lo tolera sino que termina disfrutándolo. No es casual
que el cerebro también produzca grandes cantidades de endorfinas
durante el orgasmo. Por lo visto, y contra lo que podría pensarse,
para gozar la intensa pungencia del chile no se requiere ser masoquista
sino, al contrario, un voluptuoso sibarita con inclinación al erotismo
y la sensualidad
Pero
en fin, estos son detalles científicos. Por ahora, lo que nos preocupa
es que no se aproveche el gran potencial comercial que ofrece el chile
habanero para impulsar la alicaída agricultura peninsular.
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Fecha de publicación: viernes 9 de
Septiembre de 2005
Los videntes y las torres gemelas
El próximo
domingo será el cuarto aniversario del ataque a las torres gemelas
de Nueva York, y ello me hizo reflexionar sobre la relación entre
ese hecho y la adivinación.
No voy
a poner en tela de juicio los poderes sobrenaturales que dicen tener los
astrólogos, síquicos, videntes, espiritualistas, parasicólogos,
mentalistas, cartomancianos, ocultistas y demás hombres -y mujeres-
que ofrecen sus servicios para conocer el futuro. No seré en modo
alguno escéptico respecto a su capacidad adivinatoria. Por lo contrario,
estoy dispuesto a aceptar que efectivamente tienen las extraordinarias
dotes que afirman poseer, y que por unos cuantos -o unos muchos- pesos
pueden decirle clara e inequívocamente a cualquier ser humano qué
le depara el destino, según prometen en los incontables anuncios
que publican en los periódicos y transmiten por televisión
y que -dicho sea de paso- indican que su negocio les deja ganancias lo
bastante cuantiosas como para permitirles gastar tanto dinero en publicidad.
Pero
a cambio de creer que poseen tan asombrosas facultades, solamente pido
a todos esos cientos de miles o millones de videntes dispersos por los
cinco continentes y que todos los días ejercen su actividad de
las más diversas y extrañas maneras y -supongo- con toda
seriedad, dedicación y profesionalismo, que me respondan a una
pregunta. Una sola: ¿por qué, si tienen el privilegio de
saber lo que ocurrirá dentro de unos días, meses, semanas
o años, a cualquier hombre, niño, mujer, anciano o adolescente
de este planeta, ni uno solo de ellos, en ningún lugar del mundo,
nos advirtió que el 11 de septiembre de 2001 dos aviones se estrellarían
contra las torres gemelas en Nueva York, o que el 11 de marzo de 2004
habría atentados con explosivos en los trenes suburbanos de Madrid,
o que el 7 de julio de 2005 ocurriría algo similar en el metro
de Londres?
Hay,
reitero, muchísimas formas de practicar la adivinación.
Lo mismo mediante la clásica bola de cristal o la no menos clásica
astrología, que con las cartas del tarot -ya sea egipcio, francés
o italiano-, las oscilaciones del péndulo, las runas, el I-Ching,
la copa de agua, el vuelo de los pájaros, las entrañas de
los animales, la cristalomancia, las líneas de la mano, las piedras,
los sedimentos del café, la escritura y hasta -por si usted no
lo sabía-, la catoptromancia, que es la adivinación por
medio del espejo.
Me pregunto
cómo es posible que habiendo tantísimas maneras de adivinar
el futuro y tantísima gente consagrada a ello -gente que, vuelvo
a insistir, afirma ser realmente capaz de hacerlo- ni uno solo de tales
procedimientos ni tampoco uno solo entre todos esos adivinos para quienes
atisbar el futuro no representa ningún problema sino, por lo contrario,
pueden verlo claramente, haya permitido saber que ocurrirían hechos
tan notorios. ¿Cómo es posible que ni uno solo de los miles
de muertos en esos atentados hubiera podido saber lo que le esperaba,
a pesar de que muchos de ellos sin duda consultaban adivinadores? ¿Cómo
es posible que no haya un solo caso de alguien que ese día no hubiera
ido a trabajar o no tomara el tren o no abordara el metro porque un vidente
le previno que corría peligro de muerte si lo hacía?
Sólo
hay dos posibles respuestas. La primera es que los síquicos, parasicólogos,
astrólogos, quiromancianos y similares sabían lo que iba
a ocurrir, pero criminalmente lo callaron en lugar de prevenir a las autoridades
y evitar las catástrofes. Si los adivinadores admiten que así
fue, estarían aceptando ser encubridores y cómplices de
asesinatos en masa, o simplemente estarían aceptando que la vida
humana les importa un bledo. La segunda posibilidad es que sencillamente
no sabían que todo eso ocurriría. Pero si lo aceptan, estarían
también aceptando que es mentira que puedan ver el futuro.
En fin,
cada quien es libre de seguir ingenuamente creyendo en la eficacia de
las técnicas adivinatorias y los poderes de los videntes. Pero
-sobre todo- de seguir pagando a esa gente por tales servicios.
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Fecha de publicación: miércoles
7 de septiembre de 2005
Luege: honor a su apellido
Uno no
escoge su apellido, y eso lleva a veces a curiosas situaciones. Alguien
apellidado Ladrón de Guevara puede ser honrado a carta cabal, un
Caballero puede ser un perfecto patán, o un Delgado tener cuerpo
de hipopótamo. Pero a veces el apellido corresponde al individuo.
Ese parece
ser el caso de José Luis Luege Tamargo, quien ahora ocupa el cargo
de secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales en sustitución
del precandidato panista Alberto Cárdenas Jiménez. El apellido
Luege proviene del alemán, idioma en el cual se escribe Lüge,
y su traducción literal sería “mentira”.
Pues
bien, don José Luis Luege nos echó una mentira del tamaño
de su apellido cuando, el pasado 5 de julio, anunció que la Semarnat
ha decidido someter a análisis, y “en su caso perfeccionar”
la Norma 022 de protección a los humedales. Para ello, dijo, se
integrará un equipo de científicos, especialistas en cuestiones
ambientales y representantes de los municipios costeros del país,
así como de las organizaciones defensoras del medio ambiente y
se abrirá una amplia discusión pública.
Con ello
Luege pretende hacernos creer que esa norma nunca había sido debidamente
analizada y estudiada y que de ahí derivan los problemas de destrucción
de humedales. Pero en realidad -hay que recalcarlo- se elaboró
con base en una amplia consulta pública con participación
de miles de representantes de todos los sectores que menciona Luege. Por
ello tuvo tan amplia aceptación. Por primera vez se tenía
un instrumento legal efectivo y ampliamente consensado, para garantizar
la protección y conservación de esos importantes ecosistemas.
Pero -como ya señalamos en colaboraciones anteriores- a menos de
un mes de publicada la norma, en mayo del año pasado, Cárdenas
Jiménez la anuló de un plumazo añadiéndole
un párrafo en el cual se estipula que la propia Semarnat podrá,
a su criterio, dejar sin efecto las limitaciones y prohibiciones establecidas
en ella, a cambio de “medidas de compensación en beneficio
de los humedales”, medidas tan vagas y nebulosas que ni siquiera
se mencionan en ninguna ley o reglamento.
Cárdenas
Jiménez -también hay que recalcarlo- no violó la
ley al anular la norma. Simplemente se valió de una argucia legaloide,
de una sucia chicanada. Y es que la Ley sobre Metrología y Normalización
establece que una norma oficial se puede modificar “sin seguir el
procedimiento para su elaboración cuando no se creen nuevos requisitos,
procedimientos o especificaciones más estrictas.” O sea,
no se pueden establecer nuevos requisitos ni normas o especificaciones
más estrictas, pero sí puede un funcionario dejar sin efecto
las que ya existen.
Si realmente
Luege quiere corregir la trastada de Cárdenas Jiménez, no
tiene que andar buscándole tres pies al gato. No necesita andar
convocando a consultas ni reunir equipos de especialistas. En su condición
de secretario de Medio Ambiente, tiene facultades para modificar la norma
exactamente como lo hizo Cárdenas Jiménez en su momento.
Puede, sin mayores problemas, dictar un acuerdo -incluso a través
de un subsecretario- para devolver su redacción original a la norma.
Pero
no lo hace, porque nos está mintiendo. Todo eso de la consulta,
los equipos de especialistas, el análisis y el perfeccionamiento
de la Norma 022 no es más que una tomadura de pelo. Lo que pretende
Luege es darle largas al asunto, enredar a la gente en interminables discusiones,
y de ese modo ir dejando que pase el tiempo para que mientras tanto se
inicien, al amparo de la modificación de Cárdenas Jiménez,
obras como las de Costa Cancún, que provocarán una gran
devastación de humedales. Después, ante hechos consumados,
y ante la imposibilidad de aplicar retroactivamente las nuevas modificaciones
a la norma -si es que llegara a haberlas-, Luege podrá decirnos:
“Lástima, Margarito. Yo quería proteger los humedales,
pero no se pudo.”
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